miércoles, 2 de agosto de 2017

FORDLANDIA: EL AMAZONAS CONTRA LAS MAQUINAS



Por Uriel Gonzalez :: @urielgonzalez

Henry Ford nació en 1863 en una granja del Medio Oeste norteamericano, su origen humilde parecía determinar que al crecer se haría cargo del campo de sus padres, pero desde muy pronto el joven Henry mostró un talento inusual por la mecánica y un absoluto desprecio por el campo y la tradición agrícola familiar.

Partió armando y desarmando relojes, para luego intentar lo mismo con pequeños mecanismos a vapor y distintos motores hasta llegar, paso a paso, a estar a la cabeza de un imperio industrial de dimensiones planetarias a principios del Siglo XX.

Ford era muchas cosas además de un genio de la mecánica y los negocios, combinaba en si el instinto de destrucción creativa capitalista junto con un credo nacionalista de fe norteamericana, factores en aparente contradicción, que usaba para hacer y deshacer en todos los ámbitos de la vida de la empresa, sus empleados, la política, la prensa y los mercados.

Un día, cuando ya todo parecía estar bajo su control, Ford anunció que daría el salto industrial definitivo: La conquista de la naturaleza.

El caucho necesario para fabricar neumáticos se extraía de selvas en Oceanía y Asia bajo control de Holanda y Gran Bretaña, por lo que en vista del monopolio exterior, Ford decidió que el haría su propia plantación, más eficiente y productiva, a cualquier costo.

Asia, África, u Oceanía eran lo mismo para los ingenieros de Ford, así que a orillas del rio Tapajós, en medio del amazonas brasileño, se arraso el bosque tropical para despejar el lugar para una urbe industrial en medio de la selva, una plantación con cultivos de caucho ordenados en perfecta simetría, casas con jardín  y estacionamiento, un club de golf, hospital, escuela y cine, junto con las potentes fabricas para la producción de todo el caucho necesario para la empresa.



La ciudad fue bautizada en honor a su inspirador, Fordlandia: la tierra de Ford.

El plan y todos los cálculos estaban hechos para ser cumplidos sin fallas ni atrasos, y la determinación de Henry Ford hizo que el proyecto continuara a toda costa a pesar de las dificultades que se informaban día a día desde la selva: Los obreros amazónicos no querían comer los hotdogs de la cafetería, las plantas de caucho no crecían y se cultivaron tan cerca unas de otras que se traspasaban pestes y plagas, los automóviles de los supervisores quedaban atascados en los pozos de arena de la selva y habían frecuentes quejas sobre la ley seca impuesta a los trabajadores.

La selva parecía estar ganando, pero Ford no dio su brazo a torcer, las instrucciones desde Estados Unidos fueron tajantes, la producción debía continuar, se pidió “ayuda” del ejército brasileño para disciplinar a los nativos y los dólares siguieron su flujo hacia el proyecto sin pausas, aunque finalmente no hubo caso, la procesadora de caucho jamás pudo funcionar a su total capacidad, los cultivos sucumbieron, la comida enlatada era desechada y los trabajadores abandonaban la planta en canoas rumbo a una isla cercana donde hacían apuestas y jugaban fútbol.


Como en una ley de Murphy del trópico, todo salió mal, así que anciano y resignado, después de años y millones de dólares perdidos, Henry Ford ordeno el cierre de las instalaciones y el traslado a Balterra, un poblado cercano que al parecer ofrecía mejores condiciones de cultivo, clima y producción.

En medio del cambio hacia la nueva ciudad luego de su derrota, la Ford Motor Company tuvo ahora en su contra a la historia y la ciencia; El estallido de la Segunda Guerra Mundial y el desarrollo del caucho sintético hicieron inservible cualquier plan, por lo que no habría Forldlandia, ni habría Balterra, ni ninguna selva más.

Henry Ford tenia fobia a las enfermedades tropicales por lo que nunca llego a conocer o ver su plan más allá de mapas e informes, y actualmente entre las ruinas de Fordlandia viven alrededor de noventa personas, dedicadas a la pesca y la agricultura rudimentaria.

Y son tan pocos, que no usan ni necesitan autos.


BIBLIOGRAFIA

Grandin, Greg, Fordlandia: The Rise and Fall of Henry Ford's Forgotten Jungle City, Nueva York, 2009.

Sguiglia, Eduardo , Fordlandia: un oscuro paraíso, Austin, Texas, 2009.