jueves, 18 de febrero de 2016

MANGOMANÍA: UNA HISTORIA SOBRE LA REVOLUCIÓN CULTURAL


  
Por Uriel González :: @urielgonzalez
A mediados de la década de los 60s China estaba sumida en el caos de la revolución cultural, impulsados por Mao, millones de jóvenes guardias rojos tomaron las calles, escuelas y fábricas en toda China, imponiéndose sobre la burocracia comunista tradicional en nombre del fanatismo más extremo hacia el Presidente Mao.
En medio de estas cruentas luchas de poder, Mao recibió un día de 1968 al Ministro de Relaciones Exteriores de  Pakistán, quien le entrego de regalo una canasta de mangos, fruta hasta el momento prácticamente desconocida en China.
¿Qué tiene de especial esto? Al parecer nada…pero dentro de las luchas anárquicas de las distintas facciones en la revolución cultural los más pequeños gestos de Mao constituían la fuente de legitimidad más incontestable para cada una de las pandillas de guardias rojos que asolaban el país, así, millones de cartas y solicitudes se enviaban a cada minuto a Beijing para que el Presidente Mao expresara su parecer sobre una disputa en alguna escuela agrícola, granja comunitaria o fabrica, muchos casos en los cuales y de forma abiertamente ambivalente, el emperador rojo contestaba los pedidos a favor de uno u otro de los grupos, sin ningún ánimo de parar el caos.
¿Y los mangos?, para dar su respuesta a un conflicto en la Universidad Qinghua al norte de Beijing, Mao envío parte de los mangos como regalo al grupo al que había dado la razón en el conflicto por el control de la universidad, estos mangos a su vez fueron enviados por los maoístas universitarios a sus lotes amigos en otras ciudades y pronto empezó a correr la voz de que el Presidente Mao en una muestra más de su bondad había regalado una fruta nueva y maravillosa a quienes defendían más lealmente su pensamiento contra los reaccionarios.

Las cartas comenzaron a cambiar, ya que esta vez además de solicitar orientaciones o denunciar a grupitos rivales, se pedía alguno de los frutos dorados del Presidente Mao como regalo, ya que para los millones de jóvenes fanáticos que caminaban al sol recitando las frases del Libro Rojo, portando retratos de Mao, cantando y bailando canciones que hablaban sobre su amor y bondad mientras apaleaban y colgaban a sus antiguos maestros de la escuela o autoridades de sus pueblos acusados de ser contrarevolucionarios, esta fruta mágica seria definitivamente lo más cerca que se podría estar de su ídolo máximo.
Para esa altura ya los mangos de la Universidad Qinghua estaban en pequeños altares en fábricas y granjas en control de los jóvenes revolucionarios, pero por más maoístas que fueran estas frutas pronto se pudrieron, a pesar de que algunas se pudieron conservar un poco más en cajas de vidrio al vacío o cubiertas por capas de cera, pero las solicitudes de mangos no cesaban así que se empezaron a fabricar réplicas de plástico a escala, que primero fueron docenas cuidadosamente fabricadas y conservadas, pero luego fueron cientos, incluso ya fabricadas sin control fuera de Beijing por revolucionarios de muy buena intención pero que jamás habían visto un mango, por lo que la ancestral tradición de las copias chinas de productos tuvo esta vez su expresión en forma de mangos plásticos similares a papas, peras o manzanas.
La mangomania en marcha duro más de un año dentro de la ya por entonces sangrienta revolución cultural, crónicas y registros de la época muestran preparativos en pequeñas aldeas movilizadas para dar la bienvenida a cajitas de vidrio con mangos maoístas que llegaban en trenes especiales y se llevaban en largas procesiones, dentro de un país que había sufrido terribles hambrunas bajo todas sus formas de gobierno, la identificación de los lideres místicos con la abundancia agrícola o la asociación inmediata con la comida y la prosperidad era una tradición que bajo estas nuevas formas continuaba.


Mao seguía impasible el rumbo de los acontecimientos, hasta que ya al año siguiente surgieron los signos del colapso de la moda de los mangos, esto al abrirse la variante de los objetos sagrados la que obviamente fue escalando poco a poco, con manzanas del Presidente Maoel lápiz rojo del Presidente Mao y un sinfín de chucherías las que esta vez reemplazaban a las cartas y eran enviadas a la capital para su aprobación desde los más remotos confines de China, la mano ya se les había pasado a todos en esto y en todo hace largo rato dentro de la revolución cultural, pero lo que termino en definitiva la escalada de objetos maoístas fue una mini-máquina de rayos X con la frase “Siempre leales al Presidente Mao” regalada por los obreros industriales de la provincia de Guizhou, a la que los campesinos de la misma provincia respondieron enviando a Beijing docenas de Cerdos de la lealtad que no eran otra cosa que lechones con la palabra “Lealtad” afeitada en la frente.
Al ver que el fanatismo por los objetos maoístas empezaba a ser ridículo incluso en el contexto de la revolución cultural, Mao, exclamo una orden que esta vez no fue ambigua:
"Suàn le!" (¡Olviden eso!)

La revolución cultural no se detendría hasta prácticamente la muerte de Mao casi diez años después del episodio de los mangos, los jóvenes más rebeldes de universidades y ciudades serían enviados a trabajar al campo, donde se harían viejos masticando la rabia de haber sido piezas del ajedrez político del Mao, sabiendo que mientras trabajaban en el arrozal sus camaradas de las grandes ciudades del capitalismo chino compran mangos a dos dólares el kilo en los supermercados



BIBLIOGRAFIA

Murck, Alfreda, Mao's Golden Mangoes and the Cultural Revolution, Chicago, 2013.

Ying, Luo, Memories of the Cultural Revolution,Oklahoma, 2015.


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