miércoles, 16 de septiembre de 2015

TOLERANCIA CERO Y EL FIN DE UNA ÉPOCA


Por Uriel González :: @urielgonzalez

El pasado domingo termino luego de 15 años la emisión de Tolerancia Cero.

Para un niño que sentía cierto interés en la política a fines de los 90s la oferta en general era escasa y pasaba principalmente por algunos diarios muy sesgados y conversaciones de adultos, todo esto con el fondo tan inolvidable como angustiante de las elecciones de 1999 y los torpes pasos que mi generación dio en la pubertad, los primeros celulares y la masificación de internet.

Escribo lo anterior sin ninguna nostalgia y solo para decir que es en este contexto que Tolerancia Cero aparece los domingos en la mañana, acompañándome desde entonces salvo breves tentaciones como lo fueron algunas temporadas de Los 80s en Canal 13, la etapa mechona de la universidad,  ver películas, o mantener la tele apagada.

Mientras somos cada vez más adultos  las noches del domingo se van convirtiendo en un espacio desagradable, mas allá de los clichés sobre el calendario (la mayoría de los fines de semana no son tan espectaculares así como la semana  finalmente nunca es tan horrible) si mucha gente emprende rutinas personales de “preparación” de la semana que son tan intimas como intrascendentes. Durante estos últimos años el ritual sagrado de planchar cinco camisas para cada día de la semana viendo Tolerancia Cero fue una de las constantes cotidianas más permanentes en mi vida, se de gente que los veía o escuchaba mientras tomaba baños de tina, cocinaban, disfrutaban del breve momento de alivio y agotamiento después de hacer dormir a los hijos o algún otro episodio del mínimo espacio cotidiano que muchos compartimos domingo a domingo entre diatribas y resoplidos de Villegas, los lugares comunes de Matias Del Rio o las inteligentes pero larguísimas disquisiciones y preguntas de Fernando Paulsen.

Para el que ha sido fiel al programa este guardo muchos momentos memorables, recuerdo por ejemplo a Aldo Schiappacasse comentando el golpe de estado del ya lejano 2002 en Venezuela, los deseos primero inconfesos, luego revelados -y exitosos- de Alejandro Guillier por llegar al senado, los análisis exagerados de Sergio Melnick, así como la evolución hacia episodios más íntimos y reveladores como lo fueron los testimonios de James Hamilton y Pablo Simonetti, la increpación por su registro electoral a Pablo Longueira seguida de las sentidas disculpas de Paulsen, la riña entre Daniel Jadue y Villegas,  las tiras de Mala Imagen sobre el programa todos los lunes, muchos códigos, risas, rabias y peleas que la política chilena en su aburrida cotidianidad y breves polémicas ha mantenido siendo Tolerancia Cero una de sus vitrinas más interesantes.

¿Qué cambio en Chile estos últimos quince años? Son tantas cosas y probablemente tan evidentes que una enumeración no es necesaria, hasta ahora me basto con ver el último programa con las despedidas de los panelistas, seguidos de un comercial de jeans donde Fernando Villegas volvía a aparecer para murmurar:

“No hay censura”

Ya está, fueron buenos tiempos, hasta siempre Tolerancia Cero.